IRAK

Abril de 2024

Una vez paso los controles del lado turco el militar me devuelve mi pasaporte.

    -Ahí está el control iraquí, vete para allá – dice como quien abandona a otro a su suerte.

Avanzo hacia la aduana en plena noche. Tengo miedo. Tras una alambrada metálica varios hombres se agolpan junto a una puerta, son inmigrantes que intentan pasar a Turquía.

    -¡Eh, eh, problem, problem! -grita uno de ellos.

    - ¿Qué ocurre?

    -Tienes que ir por la otra puerta, esta es la aduana de camiones. – solo querían ayudarme

Sobre las 12 de la noche entro a la oficina de inmigración. Uno de los militares que sella los visados me manda a una oficina donde está el oficial, ya que no tengo visado.

     - Buenas noches, quería hacer el visado

     - Tienes que hacerlo por internet – me dice el oficial.

     - Lo he intentado pero no me deja subir la copia de mi pasaporte.

Ninguno de los dos queremos calentarnos la cabeza a estas horas de la noche.

     -Está bien – sentencia el oficial - el visado de un mes en el Kurdistán iraquí cuesta 75 euros, dame 100 y te devolveré el equivalente a 25 euros en dínares iraquíes. – Mientras haya liquidez, no importa tanto si tengo o no tengo visado

Saco mi cartera, pues guardé euros para una emergencia de este tipo. Mi sorpresa cuando veo que tengo 73 euros y 50 céntimos. Cuando el oficial me ve sacar las monedas salta como quien lo ofende ante el mismísimo Allah.

     -¡No, no, monedas no! Ahí hay un cajero automático, dame 100 euros y te devuelvo 25 en dínares – repite

Voy al cajero, intentando sacar el dinero sin éxito, parece que no acepta tarjeta visa. Empiezo a desesperarme. Vuelvo a la oficina del oficial.

     - El cajero no funciona

    - Déjame tu teléfono – escribe- esta es la web para sacar el visado por internet, puedes hacer el pago por internet.

Intento de nuevo hacerlo por la web, que ya lo intenté días atrás y el problema continúa, no me deja subir la copia de mi pasaporte. Tras varios intentos internet falla.

    -No me deja subir la copia de mi pasaporte, además internet ha fallado. Señor, tengo liras turcas puedo pagar lo que me falta en liras.

    - No no, solo euros o dólares americanos. Ve con mi compañero y dile que te pase internet.

Otro rato de espera mientras otro militar acaba de sellar pasaportes y busca la contraseña de internet. Vuelvo a intentar subir la copia del pasaporte, sin éxito. En la oficina han entrado ahora dos tipos, con pinta de tener una larga gestión. Tras más de dos horas de espera los tipos siguen en la oficina. Veo a otro militar merodeando por allí, parece un sub-oficial; le explico mi problema, que no puedo sacar dinero del cajero ni hacer el visado online.

     - Ve a aquella oficina, el oficial te ayudará.

     - ¡Waa! ¡Ya estuve antes! Dice que necesito cien euros

A la vez que los otros tipos salen de la oficina, el nuevo sub-oficial me acompaña a la oficina. El oficial ríe cuando entramos como pensando: ¡este pesado otra vez!

     -Está bien ¿Cuántos euros tienes en billetes?

     - Setenta

     - Dame esos 70 euros y 200 liras turcas (7 euros)

 Mientras hace las gestiones se dirige a mí de nuevo.

     -Tienes suerte de ser de España, si fueses de otro lugar no te habría dejado pasar. Además las mujeres allí son mejores en España, Italia…. No como en Alemania o Inglaterra. – por último, devolviéndome mi pasaporte me mira y se acerca – se de lo que hablo, tengo experiencia con ellas – dice entre una risa socarrona.

A las dos de la madrugada salgo por fin de la oficina y del bucle de visados en el que estaba, pero ya lo tengo, un visado de un mes para recorrer el Kurdistán iraquí. El objetivo ahora es encontrar un lugar para acampar. Deambulo por el pueblo de Ibrahim Khalil, todas las tiendas están abiertas a estas horas y no son pocas las personas que deambulan por la calle prácticamente a oscuras. Vuelvo a sentir miedo.

En un parque encuentro a dos chicos de no más de veinte años, uno de ellos habla inglés.

     -¿Es posible dormir en la mezquita? – pregunto

     -Vamos a preguntar al encargado

Vamos a una tienda en la que me ofrecen todo lo que quiera coger. Cojo una botella pequeña de agua.

    -¿No quieres nada más? Coge lo que quieras

Después de hablar con un tipo vuelve.

   -Dice que la mezquita está cerrada y no tiene la llave. Mi tío trabaja en una gasolinera a unos kilómetros de aquí, otro amigo va a venir con una pick-up para llevar tu bicicleta, preguntaremos allí.

En la gasolinera tampoco es posible, además se rompe el enganche de una de mis alforjas subiendo la bicicleta al coche.

     -Está bien – me dice el chico - te acompañaremos al campo de fútbol, allí podrás poner tu tienda de campaña.

     - Por mi perfecto, solo quiero dormir.

El chico que he conocido, el del coche y otro que ha aparecido me llevan al campo de fútbol y sobre las 3 de la madrugada por fin pongo mi tienda.

     - ¿Necesitas algo?

     - Me vendría bien tener algo de agua para por la mañana, ¿hay donde llenar?

     - Espera ahora volvemos.

Diez minutos después aparecen con un paquete de seis botellas de agua y una bolsa llena hasta arriba de dulces, galletas y bebidas energéticas de marca blanca. Comienza el agasaje kurdo en Irak.

La región del Kurdistán ocupa todo el norte de Irak y tiene un visado especial que permite visitarlo como turista, siempre y cuando no se visiten otras zonas del país. Tradicionalmente los kurdos siempre tuvieron problemas en Irak, al igual que en Turquía, especialmente durante el régimen de Sadam Hussein. Cuando comenzó la guerra de Irak en 2003 encabezada por Estados Unidos, los kurdos no dudaron en ponerse del lado americano. La nueva constitución de 2005 estableció que el Kurdistán tendría un régimen de semi-independencia del resto de Irak, con su propio ejército, normas sociales y lengua, todo ello con el respaldo de EEUU; a cambio los americanos establecieron algunas bases militares en la región y, por supuesto, tuvieron vía libre para explotar los pozos petrolíferos del Kurdistán. Desde entonces los dólares americanos fluyen por la región y los kurdos no han dudado en reforzar su ejército para sostener una posible futura invasión y, ya de paso, para evitar que los grupos terroristas sitiados en Irak avancen hacia el norte. Los controles militares son más que habituales en el país y su ejército es enormemente desproporcionado en relación a la población que vive en la región. Entrar al ejército es una salida más que viable para quien quiere un trabajo y un sueldo asegurados de por vida. Cuando Estados Unidos interfiere en un país no es necesariamente para mal, pero desde luego cambia las reglas del juego.

A las ocho de la mañana el fuerte sol pega de lleno en la tienda y es imposible seguir durmiendo, apenas he descansado. Avanzo unos kilómetros y llego a la ciudad de Zakho. El panorama es más que desconcertante: humildes casas, calles en mal estado y alcantarillado inexistente que hace que de las casas salga el agua sucia que circula calle abajo; todo ello alternado con todoterrenos de lujo, un moderno estadio de fútbol, joyerías, tiendas de apple por doquier, altos edificios y luminosos en las avenidas principales.

Mientras paro a comer algo conozco ni más ni menos a uno de los arquitectos de dicho estadio, quien me lleva a un mecánico a reparar un…. ya ni lo digo. Yo estoy muerto de sueño y cansancio y solo quiero un lugar donde descansar, en este estado es imposible ir decidido a explorar un nuevo país. El arquitecto no para de agasajarme con ofrecimientos, finalmente le pido una pequeña bandera del Kurdistán para ponerla en mi bicicleta, que cinco minutos después tengo en mis manos.

     -¿Necesitas algo más?

No puedo evitar reír, a medio camino entre el agradecimiento y el hartazón.

     - Pero si ya me has invitado a comer, me has llevado al mecánico, la bandera…

     - Aquí todo el mundo quiere ayudarte ¡pero tú no nos dejas!

Salgo de la ciudad y me dispongo a parar en el primer pueblo que vea y preguntar para dormir en algún lugar. Circular aquí no tiene término medio: enormes carreteras con varios carriles para varios sentidos o caminos en mal estado, opto por lo primero pues quiero salir rápido de la ciudad. Debo subir una larga cuesta que con el calor de las tres de la tarde me obliga a parar varias veces, en cuanto entro a un área de servicio me ofrecen uno de esos vasos de plástico y tapadera con agua. Es la habitual forma de comprar el agua aquí, nada de botellas.

En el pequeño pueblo de Betasi los niños juegan al fútbol en la calle. El mayor, Mahmood, habla inglés y no duda en ir a casa del muhtar para buscarme un sitio para dormir. Un tipo alto, con semblante serio y bigote recio sale a la calle, al principio pienso que es el propio muhtar, pues actúa como tal; en realidad es su hijo Nechirvan, de treinta años, que bien podría pasar por algunos más.

     -Que bien que estés aquí, hoy llega mi familia de Alemania y vamos a organizar una cena en mi casa. Queremos que vengas. – el descanso me esquiva.

Antes de la cena pasamos a la sala de invitados: alfombra blanca, sofás de cuero blanco y el hijo mayor trayendo té sin parar en una bandeja dorada en la que es la casa más lujosa del pueblo. Hay gente por todas partes, creo que debe de haber unas cuarenta personas, ya que también están algunos vecinos del pueblo, aunque las mujeres y los niños están en otra habitación. En la televisión ponen un partido del Barça-Madrid de hace unos años, aquí la locura por el fútbol es absoluta y todo el mundo tiene una parabólica en casa para ver los partidos de las ligas europeas.

     -Bueno, ya sabrás de nuestro problema con Irak – me dice de nuevo Nechirvan - Aquí queremos independizarnos ¿entiendes? los kurdos no somos como los iraquíes. Somos como Cataluña en España.

      - ¿Tu apoyas a España o a Cataluña? – dice uno de los primos que ha llegado de Alemania.

Apenas estoy unos segundos en silencio y Nechirvan vuelve a hablar

     -Él está con España.

Genial, a ver como arreglo esto...

    -Es un tema complejo, Cataluña tiene razón en algunas cuestiones pero independizarse quizás es exagerado.

El hijo del muhtar me mira de nuevo con semblante serio. Por unos instantes siento que me quiero largar de aquí.

     -Y entre Israel y Palestina ¿a quién apoyas?

     - Palestina, Palestina – digo sin titubear

Pasamos al comedor, somos once hombres pero debe haber comida para veinte. En el enorme mantel dispuesto en el suelo no cabe un plato más: arroz, pollo, cordero, habichuelas, ensaladas aliñadas con limón, remolacha, arroz con picante enrrollado en algo parecido a las algas y unas empanadas que están de muerte. Cuando acabo de cenar no puedo más, quiero dormir. Pregunto si puedo ir a la mezquita y uno de los vecinos se ofrece a que duerma en su casa. Después de ir a su casa y ofrecerme el dormitorio de sus hijos, que hoy no están en casa, van también todos los hombres y se quedan hasta la madrugada jugando a las cartas en la habitación de al lado.

Al día siguiente es viernes y aprovechando el ambiente festivo pregunto a Nechirvan, que aún pienso que es el muhtar, si es posible estar dos días en la mezquita. Cuando acaban de rezar me ofrece la habitación donde rezan las mujeres, que normalmente solo está ocupada los viernes.

     -¿Necesitas algo más?

     -Gracias, la verdad que necesito sacar dinero en efectivo, apenas tengo unos dínares que cambié en la frontera. En algunos cajeros no aceptan visa y tampoco es posible pagar con tarjeta aquí

     -Debes volver a Zakho, quizás allí puedas

Acabo pasando tres días más en el pueblo, probablemente los mejores días de todo mi viaje. Cada día una familia me invita a comer o a cenar a su casa y los días los paso principalmente con los más jóvenes del pueblo. Con los adolescentes pasamos la tarde en el campo de fútbol: una explanada con algo de césped y dos piedras como portería, en la primera jugada del partido tengo un tirón en el cuádriceps que me tendrá dos días cojeando. Cuando los niños se reúnen en la calle saco las pelotas y empiezo a hacer malabares, quedando también los adultos absortos en el juego; sin embargo, si la alegría empieza a salirse de orden siempre hay alguien que me llama la atención. Alegría solo la justa. Nos inventamos un juego de “bolos” en plena calle, que consiste en lanzar mis pelotas por el suelo para derribar unas botellas. Así pasamos horas y horas. Respecto a los horarios de la escuela no estoy seguro de cómo funcionan, se empieza en torno a las diez pero antes de mediodía los niños ya están casa, creo que no pasan más de tres horas al día en el colegio.

Estos días son también los partidos de la copa de Europa de fútbol y todos los vecinos se reúnen en una casa para ver los partidos, que acaban a las doce de la noche. Todos los jóvenes y niños tienen varias camisetas de equipos cada uno y cantan los goles como si fueran auténticos ultras en el estadio.

Los ratos que estoy en la mezquita suele haber alguien deambulando por allí y a cada rato me preguntan si necesito algo; sin pedir nada a veces me dejan varios de esos vasos de plástico con agua, tooth (una fruta parecida a las moras) y unas sequerosas empanadas de almendras. También, y disimuladamente, voy de tanto en tanto a ver a Doha, la bonita dependienta de la tienda del pueblo que siempre anda con un libro en la mano.

     -Me gusta que vengas aquí pero ahora estoy muy centrada en mis estudios, no tengo tiempo para nada.

A veces mando a uno de los niños a llevarle una rosa. Sonríe.

Los días son ahora más largos y amanece en torno a las cinco de la mañana. En la habitación donde duermo hay un altavoz que a todo volumen anuncia los Adhan (llamados a la oración). El primero del día, el Fayr, es justo al amanecer y no hay dia que no me despierte; por otra parte, todos nos vamos a dormir muy tarde, de madrugada. El Zuhr (oración de la tarde) marca siempre para mí la hora de la siesta.

El día anterior a mi partida, Shezard, el padre de Nechirvan y auténtico muhtar, se ofrece a llevarme a Zakho para sacar dinero. Probamos en todos los bancos de la ciudad, que tampoco son muchos, sin éxito, las tarjetas visa no parecen gustar por aquí. También paso la tarde buscando una tarjeta de memoria para el teléfono que empieza a llenarse de fotos, a pesar de la cantidad de tiendas de apple que hay no encuentro ni una donde se pueda pagar con tarjeta.

Tras cinco días, dejo Betasi. A las once de la mañana recorro las calles vacías del pueblo, todo el mundo duerme todavía. Es una despedida un poco amarga en este pueblo que tan bien me ha acogido.

No son pocas las personas que en estos días me han desaconsejado seguir por estas carreteras secundarias, pues parece que en las montañas hay bandidos. Aún así me dispongo a seguirlas, pues tienen poco tráfico aunque algún que otro perro salvaje. Apenas un kilómetro y encuentro un coche del ejército que me da la vuelta. Ni media palabra más.

Avanzo con mi bicicleta hasta la ciudad de Duhok, donde por google maps he localizado un centro comercial, quizás allí pueda sacar dinero y comprar la tarjeta SD. Bingo, consigo ambas cosas. Los pocos centros comerciales que hay en Irak tienen poco que envidiar a los de Europa: joyerías carísimas, cajeros automáticos en cada esquina, tiendas de ropa y supermercados, pero… ¡vacíos de gente!

En un barrio de la ciudad pregunto para dormir en una mezquita sin éxito. Los hoteles también son caros. Localizo, para mi sorpresa, una iglesia evangélica en medio de tanta mezquita, el tipo que la regenta me manda a la casa de al lado, donde supuestamente vive una familia de estadounidenses que regenta una ONG.

Toco al timbre y un tipo fornido abre la puerta. Efectivamente Steve y su esposa Dana regentan la asociación Mesopotamia Frontiers International, que acoge y da educación a niños refugiados del Kurdistán y, en este caso, también a ciclistas que vagabundean por Oriente Medio. Me ofrecen quedarme en su casa y, nada más llegar, me invitan a una especie de ceremonia evangélica donde cantan canciones y leen pasajes de la Biblia. Allí conozco a todos los voluntarios de la asociación; David, un chileno de 18 años, lleva unos meses de voluntario

     -Mi padre fue pastor, a mi nunca me interesaron esas cosas de la iglesia pero hace unos años Jesús entró adentro mío.

     - ¿Entró?

     - Si, yo tenía una pena muy grande y entonces lo sentí, mis rodillas temblaron, caí al suelo y lo sentí a dentro mía – dice agachándose- . Después de eso la gente venía a mi casa a que les curara las enfermedades y yo lo hacía, si ponía mi mano en su frente se curaban, se libraban del mal.

Fenómenos paranormales aparte, este tipo de ceremonias siempre me olieron a secta y esta no es una excepción.

De vuelta a casa de Steve observo lo que es Duhok por la noche, es increíble que en los pueblos no haya alcantarillado y aquí se levanten enormes rascacielos que se ven a kilómetros. Con este ambiente americano y los luminosos en la noche me parece estar recorriendo Las Vegas.


[...]


En Erbil, la capital del Kurdistán, hago el visado para Irán sin más problema que un hachazo al bolsillo. Llevo casi veinte días en Irak y apenas he hecho 400 kilómetros, por lo cual a la salida de la ciudad pregunto a un hombre mayor las opciones para hacer 150 kilómetros hasta Ranya, cerca del lago Duhan, donde quizás pueda pasar un día acampado y dejar de lado tanto agasaje, que no será así. Finalmente accede él mismo a llevarme con el coche a Hajiawa, a apenas unos kilómetros de Ranya.

Chawarwan, un informático de 25 años que no falta a un rezo, me ofrece quedarme en casa de su tío esa noche y acompañarme el día siguiente a Ranya para intentar sacar dinero. Imposible, nos dicen que para sacar con tarjeta visa hay que ir de nuevo a un centro comercial en Solimania, a unos cien kilómetros. Su tío contacta a un tipo que va cada día hasta allí en camión y arreglan todo para que me vaya con él. Al ser informático también instala en mi teléfono una VPN para que internet me funcione sin problema en Irán.

Paso de nuevo dos días en Hajiawa. En la noche vamos a jugar al fútbol con algunos tipos bastante agresivos con el balón y a los pocos minutos de empezar el partido el ambiente se calienta: entradas, patadas, punterazos, broncas… pido el cambio, necesito mis piernas para pedalear.

A la salida, Mohammed, un amigo de Chawarwan y uno de los más calentados en el partido me confiesa.

     -Yo soy virgen ¿sabes? ¡Como me gustaría estar con una chica! ¿Cómo hacéis allí?    

Camino a casa del tío de Chawarwan paramos en una tienda, el dueño habla inglés.

    -Mi tienda está disponible para vosotros chicos ¿Yo soy gay sabes? Jaja

Cuando nos vamos pregunto.

     - ¿En serio dice que es gay así tan normal?

     - No es gay, estaba de broma -dice Mohammed

     - Mmm, quizás no bromea

    - ¿Si? ¿en que lo notas? Aquí no hay homosexuales prácticamente. Quizás que en toda esta ciudad haya uno y en cualquier caso no lo puede decir.

    - Yo creo que hay más, amigo...

En cada lugar que paro, intuyo, que no son pocos los hombres homosexuales. La represión sexual y el no tener casi contacto con las mujeres provoca, intuyo y quizás esté equivocado, que la homosexualidad sea más que alta.

En Solimania consigo sacar dinero y me reencuentro de nuevo con Jairo y Sandra, que actualmente están alojados en una casa, también agasajados y “semi-secuestrados” pues sus anfitriones no quieren que se vayan. Dos días después nos reencontramos definitivamente para hacer juntos los últimos kilómetros en Irak, por un paisaje bastante mas seco y rocoso, con las montañas frente a nosotros. 

En el pueblo fronterizo de Penjwen un tipo que regenta una oficina de pesado de camiones nos invita a pasar la noche.

      -Me gustaría hablar de una cosa con vosotros. ¿Qué opináis del hijab? Respondedme sinceramente

      - Quizás es un poco denigrante para la mujer -dice Jairo

      - No lo es. Aquí no es obligatorio, la mujer elige vestirlo, es una forma de protegerla contra las cosas malas y no me gustaría que mi mujer no lo llevase, porque indica respeto hacia el marido. Otra cosa, cuando pedí matrimonio a mi prometida… aquí es un proceso ¿sabes? Yo le dije que me quería casar con ella y accedió, entonces mi familia fue a hablar con la suya y dos semanas después, su familia dio el visto bueno, señal de que les parecemos una buena familia. En unos meses nos casaremos.

Aprovecho también en el pueblo para cambiar mis dínares a riales, no quiero verme en Irán en la misma situación que aquí. Salgo de la casa de cambio con un fajo de billetes que casi no me cabe en la mano.

Los últimos kilómetros a la frontera son bien peligrosos, es una carretera de montaña estrecha y con mucho tráfico, sobre todo camiones que traen petróleo iraní, más barato, a esta zona de Irak y lo venden en área de servicio improvisadas donde almacenan la gasolina en bidones o directamente la venden en garrafas junto a la carretera.

Finalmente llegamos a la frontera con Irán después de 26 días en Irak en los que he pasado solo una noche en la tienda, la primera; otra con Steve, cuatro más en mezquitas y el resto, siempre alojado y agasajado por los kurdos iraquíes.






Comensales, once. Raciones, incalculables









Haciendo la campana con los niños de Betasi



















Materia prima con destino Washington









Erbil









Gasolinera improvisada









Gasolinero sin licencia









Mezquita en Hajiawa




















Camino a la frontera con Irán










Aquí no hay ley









Por bulerías









De nuevo con Jairo y Sandra, compartiendo hospedaje










Riales para Irán